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Nuestro Trabajo

En México las últimas cifras oficiales nos dicen que en el 2012 había 53.3 millones de personas en situación de pobreza (CONEVAL, 2013). Estas cifras son más contundentes cuando se contrastan con el coeficiente de Gini, 0.49 para México en el 2014 donde observamos que hay pocas condiciones que propicien la movilidad social. El 48% de la población que nace en el quintil socioeconómico más bajo, permanece ahí, con pocas posibilidades de subir.[1] La desigualdad representa un alto costo social, ya que no favorece el crecimiento económico, lo hace más lento y contribuye a la inestabilidad política.[2]
 


En nuestro país tener un empleo formal y digno es difícil. Somos una de las economías con mayor informalidad en el continente. De los 52.1 millones de personas que conforman la población económicamente activa, 49.8 millones declaran estar ocupados y alrededor del 58% se encuentra en la economía informal bajo diversas modalidades. Es decir 6 de cada 10 trabajadores o empleados operan sin pagar impuestos, pero tampoco reciben las prestaciones mínimas que la ley establece.[3]

  


Desde el punto de vista ético la pobreza va en contra del desarrollo humano y social, no dignifica al ser humano ya que no permite su plena realización. Pero además, frena el desarrollo, disminuye la cohesión y el capital social, lo que desencadena fenómenos como la violencia, la ruptura del tejido social y la degradación ambiental.

A lo largo de los años, encontramos innumerables esfuerzos por parte de distintos actores para disminuir la pobreza. El gobierno ha destinado importantes sumas de dinero a programas sociales, los cuales han tenido pocos resultados significativos.

Desde la filantropía observamos una contribución importante a la asistencia social de las poblaciones más vulnerables. Por parte de la sociedad civil organizada identificamos modelos novedosos con un profundo conocimiento de las problemáticas que atienden, pero con alcances limitados. El sector empresarial también ha hecho cuantiosas aportaciones económicas, y en las últimas dos décadas ha venido involucrándose cada vez más. No obstante, la pobreza persiste de forma dramática.

Como respuesta a esta compleja realidad global y de nuestro país, existen alternativas como son las Empresas Sociales. En nuestro país las personas buscan a través de la creación de Empresas Sociales alternativas económicas propias que les generen ingreso permanente a través de un empleo formal digno. El cual contribuye al desarrollo de capacidades, competencias y conocimientos, así como el acceso a mercados y tecnología. De esta forma buscan con seriedad la vía productiva para el desarrollo sustentable.[4]


[1]Centro de Estudios Espinosa Yglesias, CEEY, (2013) Informe de movilidad social en México. Imagina tu futuro. Ciudad de México.
[2]Cepal Naciones Unidas, (2014), Panorama Social de América Latina. Santiago de Chile.
[3]Organización Internacional el Trabajo. http://ilo.org/empent/units/cooperatives/langes/index.htlm
[4]Oulhaj, L. y Saucedo, F.J., (2013) Miradas sobre la economía social y solidaria en México. Universidad Iberoamericana. Puebla.